La Dama y Yo: Historia de un Viernes 13

Con el pie izquierdo

Todo empezó la noche anterior. Eran las 2 de la mañana, venía de dormir 3 horas en cada uno de los 3 últimos días, y todavía no tenía hecha la maleta para viajar a Londres al día siguiente, en un vuelo insultantemente madrugador, a las 8:45. Eso significaba que me tendría que despertar a las 6:00.

En Londres me esperaba Ashley y la promesa de un inmejorable fin de semana con buena música y mejor compañía en el Latitude Festival.

Puse un poco de música, encendí un cigarrillo, y comencé a hacer la maleta. A los 5 minutos se cortó la luz de todo el barrio.
Sin música, y con unas pocas velas, decidí que mejor utilizaba lo que me quedaba de batería en el portátil para hacer algo mucho más productivo que una maleta: Terminar de ver "El Buen Pastor".

La luz volvió a las 4, y entonces decidí que ya era una hora prudente para terminar con mis quehaceres y dormir un poco.

Me desperté a las 6:40 con la maleta medio hecha y sin duchar. Durante los 15 minutos que siguieron, entre que me duché, me afeité, terminé de organizar la llegada de un amigo a Madrid el lunes siguiente, terminé de hacer la maleta, y mandé dos mails, tuve todo el tiempo esa extraña sensación de que algo iba mal. Algo había cambiado. Sentía el vacío de una presencia que durante muchos años había sido parte integral de mi. Entonces no sospechaba de qué se trataba.

Hete aquí un inciso. Creo mucho en la suerte. Soy completa y descaradamente ateo. Es más fácil que crea en cosas que no comprendo, como el multiverso y el principio de incertidumbre (creer en esto es casi una ironía semántica) que en un ser o seres superiores. Antes me doy a la Gaia. Pero sí que creo en algo quizás sobrenatural, porque no tengo otra forma de explicarlo: La Suerte. Los Hombres hacen sus propia fortuna, suelen decir los que odian someterse a los avatares del destino. Yo creo que la Suerte, los Hados, el Destino, como se quiera llamar, es una serie de intrincadísimos mini acontecimientos cotidianos que forman un tejido insubstancial que nos une, nos tira y nos estira, y nos manda de acá para allá, en el colorido pingball de la vida. Y esos mini acontecimientos están chocando constantemente a la big bang, formando, en su incomensurable colectividad caótica, los universos individuales de cada uno.

Desde que comencé a plantearme el análisis de mi suerte, decidí ponerle personalidad y hasta casi un rostro a la Dama Fortuna. Es guapa, claro, pero tiene una sonrisa cínica. No conozco persona más irónica, pero a veces derrocha dulzura. No le llamo Diosa, porque no lo es. Es una Dama inabarcable, inalcanzable, pero que a veces te tiende su mano con la calidez de una madre. Cuando te da la espalda es ladina y sus rasgos se desdibujan. Una silueta oscura que invita a la incertidumbre. A la Dama le gusto, creo. Le caigo bien. Pocas veces me tocó ver su rostro retorcido y cínico. Pocas veces decidió castigarme con una ironía inapelable. Y fueron muchas las veces en que caminando a tientas, me tendió la mano, hasta que me hice temerario y desenfadado. Comencé a sentirme protegido y dejé de pensar en ello. Y aparentemente, a la Dama le gustó, porque con cada paso aún más seguro hacia lo desconocido, su sonrisa cómplice y sonriente se me aparecía con mayor intensidad. No me puedo quejar, y jamás lo hice.

Y por eso tampoco lo haré ahora, porque a la Dama hay que respetarla siempre, cuando me doy cuenta que la terrible sensación que tenía aquella mañana, era producto de su ausencia. O mejor dicho, de su presencia vil. Tengo mis teorías sobre a qué debo achacarlo. Los Viernes 13 es como una festivo para la Dama. Pero en lugar de no trabajar, sale a divertirse. Como buena señora del caos, sus festivos no tienen una periodicidad concreta. Pero además, creo, que aquel particular día, la Dama quiso ponerme a prueba. Uno se acostumbra a su suerte. Con Ashley y Joko siempre hacía el mismo chiste, sacado de un libro, cada vez que de forma grupal, nos sometíamos a una situación en que la suerte tenía parte de peso en el desenlace: "Trust your Luck" (Confía en tu Suerte). Porque había aprendido, que por sobre todas las cosas, a la Dama le gusta que confíen en ella. Adora que sus súbditos tomen esa actitud de desafío temerario ante la vida. Quizás sea porque entonces, cuando decide darles la espalda, es cuando más se divierte (así es ella...), pero es muy posible que durante mucho tiempo te recompense la lealtad.

Uno cree que tiene un pacto con ella, una alianza. Que es una amiga. Pero no es así. A ella se la acepta y se la quiere como es, y el abandono imprevisible es una condición sine qua non en la relación.

Vagué un momento por la casa, sabía que algo andaba mal. Pabliten me preguntó si creía que olvidaba algo. Le dije que no, que tenía todo. Localizadores de los vuelos, DNI, móvil, cargador, ropa, ni siquiera el cepillo de dientes me olvidé, que siempre lo hago. Pero algo andaba definitivamente mal. La sensación me recorría el cuerpo azotándome el hipotálamo con insistencia. Pero había aprendido a confiar en mi suerte. De caminar con paso firme, y la Dama me quería por eso. Así que sin más, recogí la mochila, la riñonera, y me fui.

Cargué todo en la moto. 7:15. Tenía tiempo... Me deslicé entre los innumerables coches de la mañana laboral madrileña como de costumbre, pero no me sentía cómodo. Por dos veces en 200 metros me encerraron sendas furgonetas. Tuve que maniobrar entre un pozo y una vieja para no tener que bloquear los frenos. La policía cortó el tráfico por 5 minutos para que pasaran varias ambulancias en Atocha. Cuando pude reemprender la marcha, la moto se paró... Rarísimo. Nunca lo hace... Quedaba poco combustible, pero de sobra para llegar al aeropuerto.

Poniendome a prueba

Cuando llegué, no sabiendo donde estaban los escritorios de facturación de Air Comet, la compañía por la que volaba, decidí estacionar en una punta del largo trazado de entrada a la Terminal 1. Quedaban justo en la otra punta, claro. Mientras corría se me cayó una de las esterillas que llevaba atada a la mochila, con tanta mala suerte, que rodó por debajo de una mampara que daba a la rampa mecánica hacia la planta inferior. Cayó sobre el voluminoso equipaje de una voluminosa señora, que comenzó a soltar una retalía de ininitelegibles insultos. Luego rodó cuesta abajo por la rampa, yendo a parar justo encima de un charco de coca cola, gentileza de un niño que lloraba desconsolado sacudiendo un vaso vacío de aquí para allá. Me abrí paso a empujones hasta poder recuperarla, y emprendí de nuevo la marcha.

Había 3 escritorios de facturación abierto, con la misma cola en cada uno: 3 personas. Me decidí por el de la derecha. Cuando llegó mi turno, una supervisora se acercó al escritorio y se llevó de urgencia a la empleada... Tuve que volver al final de la cola de otro escritorio, seguido por otros viajeros que decidieron ventilar su frustración a viva voz. Yo me mordí el labio: Para entonces ya sabía que no era mi día de suerte, pero nunca haz de quejarte de ella, nunca, no sea que la Dama decida darte la espalda para siempre. Que te agarre manía es mucho peor que no caerle en gracia. Entre los males, prefiero su indiferencia.

Pacientemente esperé mi turno. Eran ya las 8. No hubo problemas con el check-in, afortunadamente... Más tarde entendería que en realidad, que no hubiera problemas en el check-in, había sido un gople de extremado infortunio. Puerta A-8, me dijo la chica, y hacia allí fui. En la zona de puertas A de la Terminal 1, antes del control de equipaje, hay un servicio de control de documentación. Por aquí salen los vuelos a países que tienen restricciones especiales y controles más estrictos, como Inglaterra...

Fue en este momento en que finalmente entendí el origen de esa sensación que me acompañaba desde que me levanté: La Dama no se había ido a atender otros menesteres abandonandome a... qué curioso, a mi suerte. Era peor, porque no veía su espalda, sino su sonrisa cínica. Me estaba mirando, pero no era un gesto agradable. El policía miró el DNI, y luego alzó la vista. En su mirada percibí claramente que había un problema. No era la típica mirada robótica de quien está por decir "Pase".
- ¿Tiene el pasaporte?
- No... Voy a Inglaterra. No lo necesito...
- Pero tu DNI está vencido.
- ¿Qué?!
- Venció el 4 de Marzo de 2007.
- ...
- ¿No tienes el pasaporte?
- No... Está en mi casa.
- ¿A qué hora embarcas?
- En 15 minutos.
- Pues con este DNI no puedes viajar, no te van a dejar entrar en Londres.
- Pero... Voy a perder el vuelo!
- Puedes solicitar un pasaporte temporal en la comisaría, pero se trasladó a la T4 (a 30 minutos ida y vuelta de donde estaba yo).
- No! Tengo que ir!
- Si quieres te dejo pasar, pero es muy probable que en Londres te manden de vuelta...
- Sí... Si. Me arriesgo... Quizás no lo noten. La fecha está muy pequeña y está todo en español... Probaré suerte

Estoy seguro que en ese momento la Dama sonrió. Le gusta la lealtad. Pero hoy iba a ser inflexible, no daría su brazo a torcer. ¿Me estaba poniendo a prueba? ¿Y de qué forma? ¿Mi lealtad como fiel súbdito y creyente? ¿Mi ciega confianza? "Trust your luck", pensé.

Le avisé a Ashley del problema, y a Pabliten y Matias. El plan sensato era intentar volver a casa a buscar el pasaporte. Quizás llegara todavía a tiempo. O que me lo trajeran en taxi. Ashley me dijo que quizás valía la pena buscar otro vuelo para más tarde. Pero ya había facturado el equipaje... Les informé que intentaría seguir adelante. "Good Luck" y "Buena Suerte" me dijeron de ambas partes. "La voy a necesitar" pensé, y quizás en ese momento, si a la Dama le quedaba aun un poco de compasión por mi, decidió cerrar la puerta completamente. Otra regla de Oro: Nunca la invoques, ella va y viene como le place .

El policía me dedicó una última mirada antes de dejarme pasar. En su gesto leí "Tú sabrás lo que haces, chaval". Y en el momento en que crucé la línea que marca el fin del territorio español, adentrandome en el colorido mundo del los Free Shops aeroportuarios, ya en suelo internacional, me recorrió un escalofrío. Me di cuenta que en ese momento estaba fuera de todo país, sin una identificación válida. Sonreí y avancé con paso firme. El Mundo no es para los timoratos. No le di mayor importancia al asunto. Con la mente ya puesta en Londres, decidí comprar un cartón de cigarrillos. En Inglaterra son muy caros. Estaba convencídimo que dos horas después estaría respirando el brumoso aire londinense, con ganas de fumar (vaya apología de la adicción)...

Usted no viaja

Llegué a la puerta de embarque a la hora justa, pero todo el mundo estaba todavía sentado esperando, y no había nadie en el escritorio de embarque... Si el vuelo se demoraba por lo menos 35 minutos, me daba tiempo a volver a casa a buscar el pasaporte. No habían anunciado retrasos, y el avión se veía ya listo a través de los grandes ventanales. Pero el embarque no empezaba. Con cada minuto que pasaba, la decisión se hacía más difícil... ¿Me arriesgo y voy a buscarlo, o me arriesgo y me quedo? Si perdía el vuelo, no me quedaría otra opción que comprar otro. Si me quedaba, y volaba, todavía tenía la posibilidad de que me dejaran entrar en Londres sin problemas. Pero ¿Y si se daban cuenta? Me mandarían de vuelta en el siguiente vuelo... ¿Tendría que pagarlo yo? ¿Me retendrían para cuestionarme en Gatwick? Un DNI vencido puede levantar sospechas... Robado, vendido, reusado... ¿Quién se atrevería a intentar engañar de esa forma a oficiales de aduanta? Sólo alguien que no tiene mucho que perder. Por un momento me imaginé en un cuarto oscuro, rodeado de interrogantes sombras interrogando mis propias interrogaciones. Y entre las sombras, una Dama sonriendo.

Esperé... Y esperé. Y con cada minuto que pasó, la decisión era cada vez menos mía, y más de la Dama. Si me hubiera vuelto enseguida, lo hubiera conseguido. Hubiera vuelto a tiempo, ya que finalmente el embarque se retrasó 40 minutos. Pero cuando habían pasado 20, ya me convencí de que no pasarían otros 30, y de esa forma, una vez más, como tantas otras veces, me abandoné al riesgo mayor, pero el que mayor recompensas tiene. Colarme en Inglaterra sin un documento válido ejercía cierta atracción sobre mi. ¿Y a la vuelta? Otra aventura, a la que le daría su momento de reflexión y análisis a su debido tiempo.

Pero la Dama estaba ensañada. Y ni siquiera esa última y temeraria muestra de lealtad la iba a ablandar. En los Aeropuertos, además, siempre había estado especialmente cándida conmigo. Durante 1 año tomé vuelos todas las semanas, ida y vuelta desde Madrid a Turín. En estos 5 últimos años son incontables las veces que llegué sobre la hora a un embarque, hasta incluso haciendo esperar en pista a un avión, en una ocasión. Jamás me perdieron el equipaje. Jamás perdí un vuelo, y jamás sufrí una demora de esas que tienen que mandarte a un hotel. E incluso una vez, por overbooking, me subieron a primera clase en un vuelo Buenos Aires-Madrid.

Pero esta vez era diferente. En el embarque te piden el DNI, pero no lo miran con detenimiento. Ya lo hizo la policía mucho antes. Es más que nada un último acto burocrático. Antes de que llegara mi turno en la cola, casi al final, el empleado dejó pasar a quien iba delante mío con una frivolidad sublime. Le pidió la tarjeta y el DNI, su compañera justo le llamó la atención para preguntarle algo. Éste se giró, le contestó, y le devolvió al pasajero la documentación sin mirarla. Luego avancé yo, sonriente y confiado. El empleado me miró, y me dedicó una larga mirada de atención. Observó mi DNI con un detenimiento que no había demostrado hasta ahora, y enseguida noté como su ceño se fruncía.
- ¿Tienes el pasaporte?
- No... viajo con el DNI.
- ¿Sabes que está vencido?
- (cara de asombro) ¿Cómo? No puede ser!
- Sí... Venció hace 4 meses.
- Pero... No! ¿Cómo puede ser...? (vaya pedazo de pregunta estúpida... Cómo va a ser?? Venciendo!)
- No puedes entrar a Londes con esto.
- Tiene que haber algo que pueda hacer
- Me temo que no, vamos a sacar la maleta de tu avión. Dame por favor tu justificante de la facturación.
- No! Escuche... Nadie me dijo nada! Me dejaron hacer el check-in, el policía me dejó pasar! En Londres lo intentaré... Llamaré a la embajada, no sé. Pero tengo que ir!
- Imposible, esto es una cuestión de seguridad. No puede subir a ese avión.
La sangre me bullía. Tenía que intentar algo... Me estaban robando la excitante posibilidad de engañar a la aduana británica! Oh Dama! ¿Ni siquiera a esa instancia me dejarás llegar?

"Lo empujo y corro hasta el avión" - pensé.
"Hm, ¿pero luego qué?" - me contesté
"Amenazo al piloto!" ...
"¿Con el filo de tu DNI falso?"
"Tomo los mandos del avión! Lo secuestro y vuelo directamente al festival!"
"..."
"Me tiro en paracaídas!"
"..."

El lado sensato de mi cerebro ya no tenía respuesta válida ante tamaño compendio de ideas brillantes.

"Señor... Señor!" - La voz del empleado me hizo volver en si. Como odio que me interrumpan cuando discuto conmigo mismo.
"Si... Entonces, ¿Puedo subir?" - dije, y desplegué mi sonrisa más traviesa e inocente. Esa sonrisa de niño que te pide que le dejes hacer una travesura, de tal forma, que no te puedes negar.
"No. Claro que no. Vamos a sacar su maleta del avión. Tendrá que salir a la terminal de llegadas y recogerla en la cinta nº 9"

"Malditos adultos y su inocencia perdida" - le espeté con la silenciosa mirada de un niño al que le han cortado las alas. En mi caso era casi literal.

Avisé a Ashley, que se puso a buscar vuelos para esa misma tarde, mientras yo volvía sobre mis pasos, con una nostálgica última mirada a ese pájaro metálico de sueños de ilegalidad truncados.

Para entonces ya supe que la Dama me estaba poniendo a prueba. Ya no tenía sentido que siguiera ensañandose conmigo. Había conseguido que por primera vez en mi vida, pierda un vuelo. Pero ella es diferente, y siempre tiene un último As bajo la manga. Y siempre es de corazones, porque para bien o para mal, la Dama sabe jugar con tus sentimientos.

Cuando volví a la zona de aduana, me informaron que debía acompañarme un guardia de seguridad hacia una puerta que conecta la terminal de salidas con la de llegadas. A partir de ese momento, era como si acabara de llegar de un vuelo. Imposible volver por donde había entrado. En los aeropuertos, cuestión de seguridad, todos los accesos son de un único sentido.

Los aeropuertos son lugares donde siempre las emociones están a flor de piel. La gente va y viene previendo o añorando unas vacaciones. Emigran o vuelven al hogar, son lugares de despedidas y reencuentros. Nadie es indiferente a la emoción colectiva de un aeropuerto. Así fue que de estar rodeado de gente con la expectación de subirse a un avión, pasé a estar rodeado de gente con la expectación de entrar en un país. Y yo no había hecho ni una cosa ni la otra.

La Cinta 9

La Cinta 9 debería ser el nombre de una película. Es el sitio donde se reclaman equipajes perdidos, con una oficina siempre abarrotada, cientos de maletas desperdigas por el suelo, con otros cientos que recorren la cinta huérfanas de dueño. De más está decir que no es un sitio donde la gente sea feliz. Probablemente sea el lugar más desdichado de un aeropuerto.
"Perfecto, lo que me faltaba" - pensé, y por primera vez en mucho tiempo, miré hacia arriba. Nunca miro hacia arriba cuando le tengo que agradecer algo a la Dama. Ella siempre está a la altura de los ojos. Le gusta caminar entre la gente, y de esa forma, entretejer sus destinos. Pero esta vez yo la veía altiva y arrogante, vil, ladina y disfrutandolo todo. Porque en ese lugar, en la Cinta 9, la Dama se recrea con aquellos a los que les ha dado la espalda. Todos la insultan, y ella ríe aún más, y se separa aún más de ellos. Así que acepté mi lugar entre los rangos de esa milicia de abandonados, y miré también hacia arriba, maldiciendo silenciosamente.

Mi mochila no aparecía. Había gritos, quejas, amenazas de demandas, exigencias de ver a superiores, niños llorando, y una pequeña pero irreductible aldea de empleados, lidiando con todo ello con amabilidad, desesperanza, cansancio, comprensión, indiferencia e ineptitud, todo a la misma vez.

Entre la multitud se abrió paso una joven ataviada con el uniforme de "NewCo", la empresa concesionaria del servicio aeroportuario en Barajas. Llevaba un papel con un código en la mano, perdiendose entre el sinfín de maletas. Varios pasajeros frustrados con la imposibilidad de atención rápida en la oficina la rodearon como una jauría. Yo vi un hueco y me metí. Noté que intentaba levantar una pesada maleta para ver el ticket que llevaba del otro lado. Me agaché y la ayudé con presteza, alzando la vista y sonriéndole, cómplice, comprensivo, necesitado...

Ella me devolvió la mirada, y por un segundo se detuvo. Un poco más de la cuenta. Ese segundo en que te das cuenta que alguien te mira para devolverte el gesto amablemente, y cuando en acto reflejo, van a apartar la mirada de nuevo, sus ojos vuelven a los tuyos, y flotan por un instante innecesario, curioso, coquetón. Y la sonrisa se despliega, acompañando la mirada, por si no te quedó claro. Era guapa, y en ese momento decidí que en ese antro de viajeros despojado de la gracia de la Dama, tendría que recurrir a otras herramientas. No sé por qué el pensamiento me vino en inglés. Quizás porque había hablado con Ashley hacía un momento. Quizás porque mi cabeza estaba en Londres... "Well, I'll have to charm my way out of this". Le devolví la sonrisa con afecto y comprensión. Un duro trabajo, el de ella, seguramente... Las voces de los otros viajeros apelotonados sobre nosotros desaparecieron por un instante.
"No pude embarcar, y me dijeron que buscara mi mochila aquí. La iban a sacar del avión..." - dije, rápida pero claramente. No había tiempo para introducciones. Ella sonrió compadeciente. "Ven conmigo, vamos a intentar localizarla".

El resto de los pasajeros, indignados, nos siguieron en procesión, pero me aseguré que sólo tuviera atención para mi. Bastaron algunos gestos, alguna sonrisa, un casual toque en el brazo...
"Comete esa, Dama del Orto!" - pensé. "No te necesito, ahora tengo a la única dama con poder real en la Cinta 9!"

Entramos en la oficina, donde el barullo, la indignación y la frustración alcanzaban niveles nocivos para la salud mental. Ella se dirigió rápidamente a una pequeña mesa, abriendo una carpeta repleta de logos y números de teléfono.
"Es Air Comet" - dije, anticipandome.
"Hm, es muy probable que haya quedado en el avión. En estos casos intentan recuperarla y devolverla al aeropuerto, pero como no hay casi tiempo y no pueden retrasar el vuelo, sólo lo intentan con las que están a simple vista."
"Je, qué bien... Mi mochila de viaje a Londres y yo aquí contigo..."
"Podría ser peor, ¿no?" - me recriminó. Le concedí la victoria parcial sonriendo y bajando la mirada, aceptando el juego.
"Por supuesto, de la otra forma yo estaría en el avión y tu con mi mochila, que es muy callada y aburrida...". Ella sonrió, aceptando la puya.
"No me atienden... Intenta ir al mostrador en la planta 1 a ver si consigues cambiar el billete. Yo mientras la buscaré. Pasa luego por aquí, y te digo algo...". Una última frase cargadita. Me gustó. No lo voy a negar. Pero tenía otras prioridades... La saludé y me fui a la salida. Era el momento de volver a España, a conseguir otro vuelo. Esta vez, tendría que actuar con paso muy seguro. La Dama me había demostrado que no estaba bromeando, o mejor dicho, estaba bromeando y mucho, pero a su manera.

Y sin embargo, como siempre, se había guardado una última broma. La más ingeniosa, he de reconocer. Y la que me llevó a escribir esta historia.

Como Tom Hanks

Tenía que acceder por el mismo ingreso de vuelos internacionales que el resto de los pasajeros. Me puse diligentemente en la cola de "Ciudadanos de la UE", y esperé. En ese preciso instante, mientras observaba el desfile de los turistas deseosos de poner pie en "Spain", recordé la sensación que tuve cuando el policía de aduanas me dejó pasar a la zona de embarque, advertido de que me podía meter en un lío. No tenía una identificación válida, y a todos los efectos, estaba intentando entrar en España proveniente de un destino cualquiera.

"Esto va a ser interesante" - pensé, aceptando el juego de la Dama, como le gusta a ella. Sólo así pasaría la prueba. Sólo con esa actitud podía ganarme nuevamente su favor.

"Documentación" - dijo robótico y aburrido el oficial. Le entregué el DNI con expectación. Con esa expectación de saber que te van a decir algo malo al respecto de lo que estás mostrando, y sin embargo ansías la reacción. No necesitó más de unos segundos para alzar la vista, con la expresión cambiada. Me escudriñó por un instante. Supe que me estaba leyendo. ¿Qué hacía yo allí con un DNI vencido? ¿Cómo era posible, que de donde quiesiera que viniera, hubiera podido subirme a un avión?
"Está vencido" - dijo finalmente, y reconocí en su voz la curiosidad por la historia que él sabía que yo debía contarle.
"Si... Es que vengo de la terminal de salidas. No pude embarcar y ahora tuve que venir por aquí a buscar la maleta, pero no la encontré, y ahora tengo que volver a entrar..." - expliqué, con una risita final que deseé que significara "Vaya serie de circunstancias desafortunadas, ¿no?", pero al instante comprendí que para él significaba "¿Este me toma por idiota o qué?"

"Espere un momento, por favor" - dijo, muy serio. Y llamó a otro oficial que había por ahí de pie. Intercambiaron unas palabras, y el otro se acercó.
"Acompañeme por aquí" - casi me ordenó, señalandome una puerta con una oficina cerrada.

"Perfecto... Quieren hacerme la gran Tom Hanks! Bueno, vivir en el suelo internacional de un aeropuerto no se le daba tan mal a él en la peli... A ver, busquemos a la azafata piadosa que se va a enamorar de mi... Catherine... Catherine... donde estás?" - mis pensamientos jugaban divertidos, acompañados de una sonrisa tonta, y el oficial me miraba extrañado.

Estuve 15 minutos demorado en la oficinita. Una rápida comprobación informática les dio la información que necesitaban. Era legítimo ciudadano español, no tenía antecedentes, y había hecho un check-in para un vuelo a Londres, tal cual lo había explicado, hacía 1 hora. Me acompañaron hasta la "frontera" y me dejaron allí con una advertencia. "Tienes que renovar el DNI. Esto que has hecho es ilegal, y puede acarrear multa, además de un sumario por falta leve." Básicamente, me quisieron decir que me dejaban marchar "perdonado" porque tras semejante serie de infortunios, lo único que me faltaba era una multa y mancillar mi inmaculada y (casi) siempre legal experiencia en España.

Vuelta a Empezar

"Bueno, parece que la Dama se ha aburrido de mi" - pensé. Pero ahora tenía otro problema. La otra dama, la de la Cinta 9 me esperaba, quizás con la maleta, quizás con la información de que estaba en Londres, y no tenía forma de volver allí hasta que fuera a buscar mi pasaporte. Pero ya estaba en suelo español. Por un momento había sido un inmigrante ilegal sin documentación válida, a caballo entre Inglaterra y España. Bueno, no tan excitante como intentar engañar a la Aduana de su Majestad del Imperio Británico, pero algo es algo... También es cierto que si esto mismo me hubiera ocurrido en Gatwick, hubieran sido mucho más de 15 minutos, y con peores consecuencias.

Pensando en todo ello... Qué inepta la empleada que me dejó hacer el check-in! Qué irresponsable el policía que me dejó pasar! Pero bueno, la Dama me estaba tirando con cañones en esos momentos. Me dejó meterme hasta el cuello para bloquearme en el peor momento posible, justo a las puertas del avión.

Volví a casa en la moto, con lo puesto y con la esperanza de encontrar otro vuelo a Gatwick lo antes posible. Además tendría que llamar al servicio de equipaje extraviado, y pedir hablar con... Mierda, no tenía su nombre. Pero todo había acabado. Llegué a casa sin tráfico. Ni un semáforo me tocó en rojo. Lo primero que hice fue meterme en Internet y buscar pasaje. Ashley sólo había encontrado vuelos caros... Casi 200 euros. Pero justo unas plazas se habían liberado para el vuelo del día siguiente en Air Comet. 40 Euros. La cocina estaba arreglada y Pabliten justo estaba haciendo café. Entre que escribo este correo, me llama Julián diciendome que han organizado un asado en lo de Jony a las 2:30...

He pasado la prueba. La Dama me ha perdonado. Por tozudo, por lealtad, por no flaquear y culparla de todo, como buen súbdito de sus caprichos.

La Fortuna me sonrié una vez más... Seguramente, cuando vuelva de Londres el lunes, habrá alguna historia que contar. Una historia que irremediablemente estará ligada a los acontecimientos de hoy. Así funciona Ella, y así vivimos nosotros quienes nos entregamos al Destino, a sus Vicios, y sus Bondades.

No es dejarse llevar, es aprender a tomar la decisión de disfrutar el paseo.


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